

Los ojos bien abiertos fijados en las señales que indican el camino a los puestos de control migratorio, la cara de sorpresa al leer los avisos publicitarios que dan la bienvenida al “país de la belleza” y la maleta de mano firme en una mano, forman parte de una escena repetida incontables veces. Sus protagonistas son los viajeros que pisan por primera vez el territorio nacional, tras pocas o muchas horas de avión.
Junto a ellos, los más experimentados también se enfrentan al ruido y la multitud, una vez dejan atrás la aduana. Las ofertas de “taxi, taxi”, se combinan con los abrazos de los familiares que encuentran a sus seres queridos, de quienes esperan a alguien con el nombre escrito en un papel o de tantos que van apresurados a tomar un vuelo próximo, ya sea local o internacional.
Todo ello forma parte de una realidad cada vez más notable en las capitales más grandes. Así la economía avance de manera más rápida o lenta, lo que no deja de crecer es el volumen de pasajeros por vía aérea.
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Más alto
Las cifras son elocuentes. Según las estadísticas oficiales, en 2025 el número de personas movilizadas por este medio llegó a más de 56,5 millones en Colombia, un nuevo máximo histórico.
Frente a los niveles de antes de la pandemia, ese guarismo constituye un incremento del 38 por ciento si se compara con el de 2019. A pesar del bache que significó la emergencia sanitaria cuando el mundo se paralizó, la pendiente de la recuperación en el caso colombiano superó el promedio mundial, en donde los indicadores también han subido de manera vertiginosa.
Semejante dinámica es consecuencia tanto del mayor tráfico doméstico que supera los 33 millones de pasajeros, al igual que del proveniente del extranjero, con más de 23 millones. Como sucede en estos casos, la evolución observada -que supera con creces los cálculos que se hacían a mediados de la década pasada- es resultado de múltiples factores.
Los expertos han identificado un repunte en la demanda, tras el paso del Covid-19. Foto:MAURICIO MORENO
Para comenzar están las realidades propias de una geografía desafiante y la distribución espacial de la población en múltiples centros urbanos. Según el Dane, hay 118 municipios con más de 50.000 habitantes, en donde la movilidad por carretera no es siempre la mejor opción. La frase atribuida al arquitecto Le Corbusier, según la cual pasamos “de la mula al jet”, resume el rápido paso de un método a otro desde comienzos del siglo XX.
En tiempos más recientes, la expansión de la oferta ha sido clave. Tal como en gran parte de las más diversas latitudes, el mayor número de aerolíneas y la propagación del modelo de bajo costo se han traducido en rutas adicionales y menores tarifas, lo cual facilita el acceso al servicio a segmentos más amplios de la población.
Aparte de lo anterior, los expertos han identificado un repunte en la demanda, tras el paso del Covid-19. Lejos de los pronósticos que aseguraban que la virtualidad acabaría imponiéndose, lo que acabó sucediendo es que más gente desea ir de un sitio a otro, tanto por ocio como por trabajo.
No menos importante es la localización del país en el mapa. En la medida en que América Latina aparece como un destino atractivo, Bogotá en particular se ha consolidado como un centro de tránsito y distribución de viajeros hacia y desde todos los puntos cardinales.
El Ministerio encargado proyecta para este año un número cercano a los 7,5 millones de visitantes. Foto:Canva
Y, claro, está la llegada de turistas que no cesa de aumentar. El Ministerio encargado proyecta para este año un número cercano a los 7,5 millones de visitantes de afuera, el cual incluye tanto a extranjeros como a colombianos que viven en el exterior.
ProColombia señala que el número de compañías internacionales activas llegó a 30 en 2025, mientras que el número de ciudades conectadas directamente en América y Europa ascendió a 60 de 31 países distintos (en 2011 la cifra era de 34 y 20 respectivamente). Así mismo, la entidad afirma que “la capacidad instalada alcanzó un hito histórico con 14.914.858 sillas disponibles y 78.756 frecuencias aéreas, lo que representa incrementos del 11,9 y 10,4 por ciento respectivamente en comparación con el año anterior”.
Esto ha venido acompañado con mejoras en la infraestructura que hacen más amable la experiencia de tomar un avión, así las terminales llenas sean ahora la constante y no la excepción. El uso del sistema de concesiones ha resultado clave en un esfuerzo que ha involucrado inversiones que se tasan en varios miles de millones de dólares en lo que va del siglo y que se expresa igualmente en ampliación y tecnificación de pistas.
De la mano de ese proceso ha crecido un sector que tiene un peso cada vez más grande en la economía colombiana y es un gran generador de empleo. Por ejemplo, el Producto Interno Bruto del segmento de transporte aéreo mostró el año pasado una expansión de 12 por ciento en términos reales frente a los niveles de 2023, de acuerdo con el Dane.
Aeropuerto El Dorado Foto:Sergio Acero Yate / EL TIEMPO
A tope
Lo que indudablemente merece calificarse como un caso de éxito implica nuevos desafíos. Por ejemplo, el aeropuerto de Rionegro que sirve a Medellín fue diseñado para 11 millones de pasajeros anuales y en 2025 sobrepasó los 14 millones. Un plan maestro de ampliación que incluye una segunda pista sigue en veremos, algo que ha creado tensiones entre el gobierno regional y el nacional.
A su vez el de Cartagena, con más de 7 millones de usuarios anuales, se quedó pequeño hace rato. Hay una intervención en marcha que abarca tres fases y eventualmente comprenderá más espacio, pero a mediano plazo los cuellos de botella serán imposibles de superar dadas las limitaciones del terreno y las previsiones de oferta y demanda.
Es por ello que la firma Odinsa presentó el proyecto del nuevo aeropuerto de la ciudad, que quedaría ubicado en el corregimiento de Bayunca, en la salida hacia Barranquilla. La obra, que generaría 21.000 empleos directos y exigiría una inversión de mil millones de dólares, podría acoger a 17 millones de viajeros inicialmente, con espacio suficiente para futuras expansiones.
Mención aparte merece El Dorado, que en 2024 llegó a ser la terminal con más tráfico de América Latina -por encima de Ciudad de México o la de Guarulhos en Sao Paulo- al contabilizar más de 45 millones de pasajeros.
No solo se trata de personas, pues el volumen de carga que maneja -superior a las 835.000 toneladas anuales- es, de lejos, el más elevado de la región. Tanto el auge del comercio electrónico como las flores influyen en una progresión que no se detiene y es clave para la economía del Distrito Capital que, a pesar de su distancia del mar, logra ser competitiva. Cálculos disponibles hablan de 32.000 trabajadores vinculados directamente al aeropuerto bogotano.
Aeropuerto El Dorado Max. Foto:Instagram: @grupoargos.
Hay síntomas innegables de congestión, sobre todo en ciertas franjas horarias, los cuales se acentúan cuando aparecen los imprevistos. El clima de la Sabana, en ocasiones brumoso y sujeto a tormentas en época de invierno, tampoco ayuda.
Tales desafíos serían más manejables si las autoridades hicieran la labor que les corresponde. En concreto, la Aeronáutica Civil no ha reparado el sistema que permite a los aviones aterrizar y despegar en condiciones de visibilidad mínima, dañado desde hace meses. Algo similar ocurre con un radar pendiente de ser reparado, cuya ausencia entorpece el desarrollo de las operaciones.
Pero el reto es de carácter más estructural. Falta la luz verde definitiva para el proyecto de iniciativa privada que lleva el nombre de El Dorado Max, el cual elevaría la capacidad actual a 73 millones de pasajeros anuales.
Dentro de los elementos destacables de la propuesta se encuentra el incremento del 118 por ciento en el área para pasajeros, la extensión de la pista norte en 800 metros de longitud, 129 posiciones de parqueo adicionales y un nuevo edificio para el manejo de la carga. En total se plantearon 104 intervenciones que incluyen también accesos viales, con un presupuesto cercano a los 10 billones de pesos y cuya ejecución tomaría 78 meses.
Sobre el papel, y a la luz de lo ocurrido en los años pasados, Colombia tiene mucho que ganar si sabe aprovechar sus ventajas comparativas en este campo. No es solo la ubicación geográfica, sino el manejo eficiente de las instalaciones y las buenas políticas las que le permitirán al país seguir ascendiendo de manera constante.
Las turbulencias
Ante esas perspectivas resultan inexplicables los mensajes enviados por la administración Petro respecto a una revisión al esquema de asignación de slots en el aeropuerto capitalino. El término hace referencia a la franja autorizada y el permiso específico asignado a una aerolínea para que un avión aterrice o despegue en una hora determinada.
Sin entrar en honduras técnicas, el sistema opera de manera similar en cerca de 300 aeropuertos que a lo largo y ancho del planeta muestran síntomas de congestión. Su propósito central es introducir orden y garantizar la puntualidad, con cierta flexibilidad ante motivos de fuerza mayor que causen atrasos.
Los parámetros adoptados a escala global fueron discutidos en el ámbito la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (más conocida como IATA por su siglas en inglés), que es una organización global que agrupa las aerolíneas, no a los gobiernos. La idea es que exista una especie de lenguaje común que todos los participantes en el sector entiendan.
Aeropuerto El Dorado Foto:ANI
Como es de imaginar, todas las compañías de aviación que funcionan en un lugar determinado desean contar con vuelos en aquellos horarios en los cuales la demanda esté en su punto máximo. Esto sucede usualmente en horas de la mañana o de la tarde, sobre todo en los trayectos más cortos.
Dado que hay un límite establecido en las operaciones, lo usual es que quien cuente con un cupo y lo use al menos el 80 por ciento del tiempo puede conservarlo. El esquema privilegia a quienes llegaron primero, algo que reconoce no solo la permanencia a lo largo de los años, sino el compromiso con un destino específico.
Más allá de los roces ocasionales entre competidores, el esquema opera de manera adecuada, así el nuevo que llegue proteste porque desea el turno que asegura la mayor rentabilidad. Para evitar discrepancias, lo mejor es contar con métodos de información transparentes y verificables que muestren quien cumple y quién no, algo que le corresponde a los entes gubernamentales.
Sin embargo, en lugar de irse por ese camino la Casa de Nariño comenzó sembrando dudas en diciembre. Un mensaje en X firmado por Gustavo Petro sostuvo que la “democratización” de los slots sería clave para reducir los precios de los tiquetes.
Acto seguido, una Aerocivil acéfala afirmó el mes pasado que introduciría ajustes normativos, los cuales incluirían un cumplimiento del 90 por ciento en los cupos asignados para conservarlos. Aunque elevar la vara a esa proporción puede sonar menor, en la práctica sería una línea de corte difícil de cumplir.
Peor todavía es que no es nada claro cómo se asignarían los espacios que se liberen. Cuando se tiene en cuenta lo que en términos de negocio implica contar o perder un horario de la más alta ocupación, surge el peligro de introducir criterios discrecionales en la que podría llegar a ser una verdadera danza de los millones.
Debido a esa circunstancia, no solo la IATA puso el grito en el cielo, sino también un buen número de embajadas en defensa de los derechos de las aerolíneas de sus respectivos países. Por su parte Avianca, que sería la más afectada, de la misma manera hizo sonar la alarma.
Como no hay un texto escrito es difícil elucubrar, pero quienes han asistido a reunión con el Gobierno han salido con el ceño fruncido. Argumentos como el de que Colombia es autónoma para hacer lo que le plazca con el régimen existente no ayudan.
Para colmo de males, hay evidencias de ofertas de pasajes que hacen aerolíneas que atienden el mercado local, sin contar con la debida asignación de slots. A pesar de las denuncias realizadas, que además deberían involucrar a más de una Superintendencia, no parece haber investigaciones, ni mucho menos un proceso sancionatorio en curso.
Así las cosas, los meses que vienen prometen ser muy movidos. En lugar de atender las recomendaciones que le hizo la IATA en 2023 para mejorar la operación en Bogotá, la Aeronáutica está creando problemas donde no los había. El riesgo es que la turbulencia causada por el Ejecutivo acabe afectando la suerte de un sector que sigue ganando altura para beneficio de Colombia, pero al que manera inesperada se le acaba de encender la señal de abrocharse los cinturones.
RICARDO ÁVILA PINTO
Especial para EL TIEMPO
En X: @ravilapinto
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