

Si bien el Gobierno aún no tiene una fecha para la emisión de los decretos que definirán cómo se financiará la situación económica de emergencia -declarada al amparo de la ola invernal que afectó a ocho departamentos del país-, el sector empresarial ya hace los cálculos. Y no son menores de edad.
La cuestión que preocupa al sector manufacturero no es si se debe abordar la emergencia -hay consenso al respecto- sino cómo se financiará. Porque la factura puede acabar en los bolsillos de empresarios, ahorradores y hogares, a través de impuestos más altos o créditos más caros.
El Ejecutivo habló de la necesidad de cerca de 8 mil millones de pesos para afrontar la crisis. Sin embargo, estimaciones privadas muestran que un impuesto sobre el patrimonio por sí solo podría recaudar mucho más. Según el Centro de Estudios Económicos Anif, el impuesto -con un umbral de 10.475 millones y tipos marginales del 0,6 por ciento a 31.000 millones y un 1,2 por ciento por encima de ese nivel- tendría un potencial de recaudación cercano a los 13.400 millones.
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Esta cantidad implicaría aumentar la tasa efectiva del impuesto a la renta corporativa del 29,8 al 35,5 por ciento, lo que representa un salto de casi seis puntos porcentuales.. Más ingresos fiscales hoy. Pero, como advierte Anif, con el riesgo de que mañana haya menos inversión.
No sería la primera vez que Colombia recurre a este instrumento. En 2011, en medio de otra emergencia, se implementó un impuesto similar con tasas aún más altas. Los estudios citados por Anif muestran que este impuesto aumentó los costos de endeudamiento de las empresas y redujo sus inversiones.
En el escenario actual, el debate es más delicado: la economía apenas se recupera, la inversión privada sigue rezagada y el margen fiscal es ajustado.
Bruce Mac Master, presidente de Andi, dice que el impuesto al patrimonio es muy complicado. foto:Cortesía de Andi
Bruce Mac Master, presidente de Andi, considera que el impuesto al patrimonio es «muy antitécnico» porque grava las inversiones. «Si tienes una empresa sana, con más activos que pasivos, el Estado la grava. Esto al final incide en la creación de nuevos empleos y de familias colombianas», afirma.
Para María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia, «el sector empresarial aporta el 60,5 por ciento de los ingresos del gobierno nacional. No se trata de no contribuir, se trata de gastar». Según su opinión, antes de crear nuevos impuestos se debe exigir ahorro y eficiencia en el gasto.
Juan Alberto Londoño, exviceministro de Hacienda, va más allá. Si se necesitan 8 mil millones de pesos y el impuesto recauda 13,8 mil millones, como estiman algunos expertos, habría un exceso respecto de lo que permite la Constitución en estados de emergencia. «Estos mecanismos no pueden utilizarse para cubrir déficits estructurales en el presupuesto», advierte.
Juan Alberto Londoño, ex Viceministro de Hacienda y Crédito Público. foto:Nicolás Galeano. presidencia de la república
Inversiones forzadas
Pero el debate sobre el estado de emergencia no termina con la carga fiscal directa. Otra medida que se está imponiendo -que aún no tiene regulación- son las inversiones forzosas en el sistema financiero. La idea es que los bancos destinen fondos a determinados sectores para dinamizar la economía afectada y es entonces cuando saltan las alarmas con fuerza.
Se lo ocultan a Asobancaria Colombia ya es el tercer país de la región con mayor «represión financiera», debido a una combinación de tasas de usura, inversiones obligatorias en derechos agrícolas, restricciones regulatorias y restricciones a los costos financieros. El resultado, advierten, es una profundización financiera que apenas alcanza el 44 por ciento del PIB, prácticamente el mismo nivel que hace una década, lejos del potencial estimado del 65 por ciento.
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La inclusión crediticia tampoco está creciendo: sólo el 51 por ciento de la población adulta tiene acceso al crédito formal, lo que está muy por debajo de los puntos de referencia internacionales de cerca del 75 por ciento.
Si se estableciera una nueva inversión forzosa similar a la actual -del orden de 35 mil millones de pesos- el gremio calcula el efecto directo: un aumento general de los tipos de interés de 49 puntos básicos, una reducción de la cartera de 0,9 puntos porcentuales y una caída del PIB de 0,3 puntos. En otras palabras: menos crédito y más caro.
«Esa medida termina afectando a los colombianos al aumentar el costo del crédito y no necesariamente garantiza un mayor financiamiento en los sectores que se quieren impulsar», advierte el gremio. Y eso suma Existen instrumentos más eficientes y menos distorsionantes, como los subsidios centrados en las tasas, las garantías gubernamentales o las líneas de redescuento.
crédito para existir
El banco recuerda que, dentro del llamado Pacto de Crédito, de septiembre de 2024 a enero de 2026, se desembolsaron 1,9 millones de préstamos por 10,4 mil millones de pesos a la economía nacional y 7,2 millones de préstamos por 26,4 mil millones de pesos al sector agrícola. Es decir, el crédito objetivo aumenta sin necesidad de obligaciones adicionales.
Jonathan Malagón, presidente de la Asociación de Bancos y Entidades Financieras (Asobancaria). foto:asobancaria
Asomicrofinanzas coincide en el riesgo. OObligar a los sujetos a destinar recursos a determinadas inversiones «puede reducir la liquidez del sistema, reducir la disponibilidad de crédito productivo para las microempresas y crear presiones al alza sobre las tasas».señalan desde el sindicato.
El impacto no se limitaría a los balances bancarios. César Pabón, director de Estudios Económicos de Corficolombiana, advierte que los efectos se trasladan al ahorro. «Los perdedores naturales son los ahorradores colombianos», afirma. Obligar a que los fondos se inviertan en ciertos destinos puede afectar la eficiencia y la rentabilidad del capital en un sistema que gestiona los depósitos de millones de personas.
El debate no es menor. Los bancos gestionan los depósitos de casi 38 millones de colombianos. Y cualquier alteración en la distribución de esos recursos tiene efectos sistémicos.
La preocupación también traspasa fronteras. Fitch advirtió que Si se introducen requisitos de colocación obligatorios que obliguen a los bancos a prestar «independientemente de criterios técnicos», la gestión de riesgos se vería comprometida y el deterioro de la cartera podría acelerarse. Si bien reconoce que la capitalización del sistema es sólida, la agencia de calificación señala que el entorno (salario mínimo elevado, tipos elevados, inflación persistente y cambios regulatorios) ya es exigente. Una intervención adicional marcaría un punto de inflexión en la calidad de los activos.
La preocupación también fue expresada en una carta abierta firmada por seis exministros de Hacienda -Alberto Carrasquilla, José Antonio Ocampo, José Manuel Restrepo, Juan Camilo Restrepo, Juan Carlos Echeverry y Mauricio Cárdenas-, quienes señalan que este tipo de medidas encarece el crédito y afecta a quienes más necesitan financiamiento.
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Transferencias presupuestarias
Y Henry Amorocho, profesor de la Universidad del Rosario, si bien cree que la declaratoria es jurídicamente procedente porque se trata de un grave desastre público, insiste en que la creación de nuevos impuestos no es inevitable. Recordemos que la ejecución presupuestaria del año pasado fue cercana al 83 por ciento y que el 17 por ciento restante -que podría rondar los 86 mil millones de pesos- representa fondos de saldo que pueden ser redireccionados mediante transferencias y ampliaciones presupuestales. «No es aconsejable recurrir a nuevos impuestos cuando las inversiones ya están debilitadas», advierte.
Henry Amorocho Moreno, profesor y consultor en temas de finanzas públicas y presupuesto. foto:Amabilidad.
En su opinión, no es evidente que el estado de alarma requiera la creación de nuevos impuestos. «Estamos iniciando el ejercicio fiscal, y aún no se ha presentado el cierre definitivo en 2025. El fisco puede contar con beneficios que no requieren recurrir a mayores impuestos en este momento», insiste.
Los ex ministros proponen diferentes instrumentos: Garantías estatales, subvenciones centradas en el tipo de interés y líneas de redescuento.
Mac Master también menciona otras fuentes: regalías impagas, transferencias presupuestarias o el uso de fondos del Fondo Nacional de Pensiones de Entidades Territoriales (Fonpet). El argumento central es la oportunidad: La recaudación de impuestos lleva meses, mientras que una situación de emergencia requiere una respuesta inmediata.
La preocupación no es una emergencia, sino un mecanismo. Porque si la recaudación se acerca a los 8 mil millones y los préstamos se encarecen debido a las nuevas inversiones obligatorias, la solidaridad con las víctimas podría traducirse en menos inversión, menos dinámica crediticia y más incertidumbre económica, coinciden los expertos. En un país donde la inversión ya está debilitada, cada punto adicional de incertidumbre puede costar más que cualquier cifra del presupuesto.